Para hablar de perdón tenemos que entender lo que significa perdonar desde el punto de vista del perdón de Dios; del perdón que nosotros damos a alguien y el perdonarnos a nosotros mismos; también es importante el perdón que alguna persona pudiera darnos.
Si es lector del blog o es la primera vez que está en este sitio, sea bienvenida/o, y le invito a leer el libro “El Dios verdadero” que se encuentra en este mismo sitio.
Aclararemos algunos puntos, que si bien están explicados en el libro, en las enseñanzas del Señor Jesús cuando nos manda a perdonar, este punto no está del todo desarrollado ya que se explicó de una manera global o generalizada.
Sin embargo, en estos últimos días el Señor me mostró que este punto es importante y que existen personas que al igual que yo, en su momento, tienen conflictos por causa de este mal.
El perdón entraña un sentimiento muy profundo, y la falta de perdón también.
| Primero para poder perdonar a alguien tenemos que tener amor en nuestro corazón. Y para adquirir amor, simplemente tenemos que tener a Dios morando en nuestro corazón, ya que Dios es amor. Es por esta razón que es importante conocer al Señor y poder experimentar su amor y perdón. Cuando somos renovados por el conocimiento de la verdad todo nuestro interior experimenta una transformación milagrosa y es por este cambio que podemos otorgar un perdón. |
Desarrollaremos los puntos para que se entienda mucho mejor:
El perdón de Dios
El perdón de Dios padre es un regalo que nace de su corazón amoroso, de su bondad, misericordia, justicia, benevolencia y Santidad atributos todos estos que le convierten en ese ser tan magnifico y especial.
El Señor conoce a toda persona mucho mejor de lo que ella misma se conoce y sabe lo que ella necesita para ser feliz. Cuando vino al mundo pudo experimentar en carne propia el desprecio y la desdicha de sentirse ofendido y maltratado, fue ultrajado y humillado, sufrió mucho sin tener ninguna culpa, antes bien, cargó todo ese dolor y sufrimiento voluntariamente por amor, el amor que tiene por cada hombre y mujer de esta tierra le llevaron a sacrificarse a sí mismo tomando el lugar que le corresponde al ser humano como pecador, el señor voluntariamente quiso sufrir para que nosotros seamos felices y obtengamos vida abundante y vida eterna en el paraíso, ese lugar que muchos escucharon nombrar, que efectivamente es eso, el lugar más precioso que el hombre pueda imaginar donde vivirá rodeado de bienes y disfrutará de toda la paz y amor que no se imagina, producto todo del perdón de Dios (Apocalipsis 21:1-5). Esta es la esperanza y el llamado de Dios padre, a entrar por la puerta estrecha que lleva a la vida y no por la puerta espaciosa que lleva a la perdición (Mateo 7:13-14).
Comprendo que el ser humano tiene muchas dudas y dificultades para aceptar el perdón de Dios, pero tenemos que comprender que el Señor es justo y siempre actúa con justicia, hasta el día de hoy puedo ver que toda persona que verdaderamente acepto el perdón de Dios, vive y trabaja para sembrar la paz en el mundo todo por el perdón de Dios, entonces podemos observar que el Señor actúa con propósito, él le da al pecador la oportunidad de remediarse, aunque no podrá borrar su pasado, ni el daño que pudiera haber ocasionado por vivir en ceguera espiritual, sin embargo el Señor le concede el nacer de nuevo. Pienso que es justo que un pecador evite que otros cometan su mismo pecado o que advierta a los demás las consecuencias que tiene pecar. Si un pecador encuentra la llave para nunca más volver a pecar, ¿no sería justo que compartiera ese secreto con aquellos que no la tienen? para que no carguen con un peso de culpa que Dios voluntariamente quiso por amor cargar sobre si, para darnos paz.
¿Rechazaremos un perdón tan grande? ¿Un amor tan especial?
Perdonar te libera
El Señor Jesús nos manda en su palabra a perdonar de la misma manera que él nos ha perdonado (Colosenses 3:13). Fuimos perdonados, ningún ser humano está exento de culpa, todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Por más insignificante que parezca el pecado no pierde la gravedad de su origen que es el mal, y si queremos estar en la presencia de Dios, tenemos que reconocernos pecadores y pedirle perdón, y a su vez perdonar a todos aquellos que nos ofendieron o hirieron de alguna forma.
Puede ser que no entendamos las razones por las cuales sufrimos agravio de alguien o por que el Señor no intervino en el asunto, sucede que la maldad viene arrastrándose de generaciones en generaciones, es como una cadena que va pasando de unos a otros, y el mismo pecado que comete el padre luego lo comete también su hijo y si no se rompe esa cadena de maldición familiar esta continua hasta los hijos de los hijos y así sucesivamente, son maldiciones. Estos males existen pero son ignorados por muchas personas, con esto no quiero decir que el mal tenga justificación solo digo que existe el mal y nosotros somos los responsables de seguir expandiendo ese mal o cortarlo de raíz, tomando la decisión de seguir al Señor y obedecerle. La desobediencia trae maldición y muerte pero la obediencia bendición y vida (Deuteronomio 27). El pecado lo comete el hombre que está alejado de Dios, el Señor le habla al hombre de una u otra manera para que se vuelva de sus malos caminos pero cuando este no quiere aceptar su perdón y sanación es condenado a muerte por causa de su pecado. En el día del juicio seremos juzgados de acuerdo a nuestras obras (Apocalipsis 20:12).
Nosotros tenemos el llamado a recibir sanación si fuimos heridos, perdón si actuamos mal, no nos corresponde el juicio ni la venganza porque ese trabajo le corresponde al Señor (Romanos 12:19). Tenemos que confiar en su justicia, tenemos que entender que él nunca quiere, quiso, ni querrá nuestro sufrimiento, vino al mundo como hombre para librarnos del mal, para librarnos de todo aquello que nos daña, el vino para sanarnos de toda herida, el vino a traer paz, luz, consuelo, esperanza y a darnos gratuitamente su amor. El vino para restaurar el mundo, a poner fin al pecado, a darnos vida y vida eterna.
Nuestra vida en este mundo es semejante a un purgatorio, pasamos por un proceso de purificación donde el Señor probará nuestra fe, en este mundo el Señor nos está preparando para habitar aquel mundo perfecto donde ninguna cosa contaminada tendrá lugar. Entienden cuán importante es dejarnos guiar por el Señor, aceptar su voluntad y propósito para nuestras vidas.
Un solo pecador en una familia que se arrepiente puede desencadenar tal bendición que todos en esa familia tendrán la dicha de recibir el perdón de Dios. Un solo pecador en un barrio o ciudad puede lograr la conversión de todo ese lugar. Un pecador arrepentido puede llegar tan lejos como su fe sea de grande para ayudar a su prójimo. Dice la palabra del Señor: si dijeres a este monte quítate y échate en el mar sin dudar de ello, este os obedecería (Marcos 11:23). Necesitamos fe para creer en Dios padre, en su amor en sus promesas, en su protección y cuidado paternal.
Perdonarnos a nosotros mismos
La culpa por el pecado siempre robara la paz, si alguno tiene falta de paz es debido muchas veces a la falta de perdón y a la falta de fe en las promesas de nuestro Señor. A veces intentamos jusficarnos por todo aquello que hicimos mal, intentamos encontrar una razón para convertirnos en víctimas, para no reconocer que estuvimos mal. Cuando nos reconocemos pecadores y le pedimos perdón al Señor él nos otorga su perdón y nos devuelve la paz.
Pero que sucede en el caso de que no queramos aceptar el perdón de Dios, que reconozcamos que Dios es justo al castigarnos y que merecemos que su justicia recaiga con todo su peso sobre nosotros. En estos casos le recomendaría que medite muy seriamente en el asunto y que realice el intento de leer la biblia para que el Señor le de fe para creer en él, quien puede cambiar toda situación por muy oscura y sombría que sea. Él le puede dar sentido a su vida, le puede ayudar a vivir a pesar de sus errores, su vida puede dar un giro para bien, nadie le puede condenar si Dios no le condena, siempre habrá alguien que le amara, el Señor, a pesar de todo, te ama. Por eso te invito a recibir su perdón y a confiar. Nuestro Señor vive y reina, es todopoderoso y te ayudará sea lo que sea que estés viviendo, sea donde sea que te encuentres, él todo lo puede, no desmayes, recobra ánimo y confía que si Dios no te condena nadie más lo hará (Josué 1:9). Y si alguien te quiere ver bien, piensa por un momento en esa persona y perdónate a ti mismo por amor a los que te aman y quieren verte feliz.
Es importante el perdón que nos puedan dar
Es importante sentirse amado y querido a pesar de haber cometido muchos errores, soy testigo de que el perdón da sanación, el perdón ayuda mucho al prójimo, perdonemos, si está en ti el amor de Dios no le niegues el perdón a nadie, a tu madre, a tu padre, ni a tus hermanos, ni a la persona más perversa que pueda haberte ofendido, créeme que el perdón te libera, sientes como si te hubieras quitado una terrible carga, sientes una liviandad, como una brisa suave y una paz inexplicable que solo puede venir del perdón y del amor puesto en práctica, por supuesto con la ayuda de nuestro Señor todo es más fácil, puedo decir que es un milagro dar el perdón y liberarse de todo ese peso. Es porque el Señor nos ama y quiere vernos felices, libres de toda amargura y falta de perdón.
Falleció y no pude darle el perdón
Bueno, sabemos que muchas personas no pudieron perdonar en todo el lapso de la vida del ofensor, pero si de verdad siente que debería haberle perdonado, puede realizar una oración en donde usted le dirá al Señor que le perdone por no haber perdonado y guardado tanto rencor, que le permita vivir sin resentimiento ni odio de ahora en adelante. También le dará las gracias por poner en su corazón este deseo de perdonar. Aunque no haya manifestado esta intención en vida de la persona no se sienta más culpable, el Señor le perdona y le entiende como nadie en el mundo. No viva más infeliz por esa situación, levántese en fe, todo está bien, nadie te condena mujer, hombre, quien quiera que seas, vete en paz. Lea si puede el perdón que el Señor le da a la mujer adúltera (Juan 8:1-11). Ese es nuestro Señor comprensivo y amoroso, no te condena por que él mismo pagó el precio por tu pecado, el ya cargó con todo el peso de culpa para que nosotros no seamos condenados. Amen
Les deseo mucha felicidad y paz sobre todas las cosas, que el amor de Dios padre reine en sus corazones y puedan ser luces brillantes en un mundo en tinieblas, Dios te necesita, el prójimo te necesita, vive para iluminar el mundo, vive con fe con propósito, vive con alegría.
¡Dios te ama!